domingo, 5 de agosto de 2012

Agonistes El Transformador II


Es un arte lo que logra Agonistes.
Él afirma que es «El primer Arte», esta creación de carne nueva, siendo el arte que Dios solía usar para dar vida al ser. Agonistes cree en Dios; reza para Él noche y día: agradeciéndole por hacer un mundo en que hay tanta desesperación y un hambre tan profundo de venganza que los Suplicantes le buscan y le piden que los reconfigure en la imagen de su ideal monstruoso.
Y parece que Dios aparentemente no encuentra ofensa en lo que hace Agonistes, porque para dos mil años y medio que ha recorrido caminando el planeta, realizando lo que él llama su arte santo, y ningún daño le ha venido. De hecho, ha prosperado.
Algunas de las personas que estuvieron bajo su cuchillo, como Poncio Pilato, tienen un sitio en la historia de nuestra cultura. Muchos son anónimos. Él ha transformado a los potentados y los gángsters, a actores que fallaron y a los arquitectos; las mujeres que fueron engañadas por sus maridos y vienen buscando una forma nueva para dar la bienvenida a su adúltero, en sus relaciones sexuales entre casados; las maestras de escuela y vendedoras de perfumes, entrenadores de perros y quemadores de carbón. Los poderosos y los insignificantes, el noble y el campesino. Mientras son Suplicantes sinceros, y sus oraciones suenen genuinas, entonces Agonistes estará atento a ellos.
¿Quién es él, este Agonistes? ¿Este artista, este peregrino, este transformador de carne y huesos humanos?
En verdad, nadie realmente lo sabe. Hay un volumen cismático en la Librería del Vaticano llamado «Un Tratado sobre la Locura de Dios», escrito por un Cardinal Gaillema en el medio del siglo diecisiete. En él, Gaillema argumenta que la historia de la Creación del Mundo ofrecida en el Libro del Génesis está equivocada en varios detalles, uno en particular es relevante aquí: En el séptimo día, el Cardinal discutió, Dios no descansó. En lugar de eso, llevado en un tipo de estado eufórico de fuga por los labores de Su Creación, Dios continuó trabajando. Pero las creaciones que Él hizo en Su estado agotado no fueron las bestias sanas con las cuales Él había poblado al Edén. En un día y una noche, errante en medio de las glorias frescas de creación, Él hizo formas que desafiaron toda la belleza de su trabajo anterior.
Destructores y demonios, éstos fueron antítesis de las formas sanas que Él había hecho en los primeros seis días.
Una de las criaturas que Jehová creó, según el Cardinal fue Agonistes.
Por eso es que Agonistes puede rezar a Su Padre en el Cielo, y esperar ser escuchado. Él es —al menos según cuenta el Cardinal Gaillema— una de las creaciones propias de Dios.
Y no hay duda de que en su forma perversa Agonistes sirve una función. Sobre los años, sobre los siglos, él fue la respuesta para las oraciones incontables para la liberación de impotencia.
Las palabras pueden cambiar de oración en oración, pero en la carne de ellos está siempre la misma:

-Oh, Agonistes, entregador oscuro, hazme a la imagen de las pesadillas de mis enemigos. Deja a mi carne ser como las cosas donde tú guardas sus terrores; deja a mi cráneo ser una campana que suena su toque de difuntos. Dame una canción para cantar, la cual será la canción de su desesperación, y les dejará a ellos despertarse y encontrarme cantándola al pie de sus camas.-
-Deshazme, desbarátame, transfórmame.-
-Y si tú no puedes hacer eso por mí, Agonistes, entonces déjame ser excremento; déjame ser nada; menos de nada.-
-Pues quiero ser el terror de mis enemigos, o quiero el olvido.-
-La elección, Señor, es tuya.-

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